viernes, 2 de julio de 2010

TRAZOS HISTORICOS DE QUENIQUEA

LA HISTORIA DE QUENIQUEA (I PARTE)
Por: José Antonio Pulido Zambrano

Queniquea, esta situada en el piedemonte andino, en una región montañosa, bajo un relieve accidentado envuelto en una densa niebla que recuerda a los Carpatos, con una vegetación muy rica y variada. Es hoy un Municipio pujante, emprendedor, lleno de vida y de optimismo, con una población que se acerca a los 20.000 habitantes, los cuales corresponden a Queniquea, que es la capital del Municipio Sucre y a sus dos parroquias: San Pablo y Mesa del Tigre. Posee una altura promedio de 1.517 m.s.n.m. y una temperatura media de 17,9° centígrados. Su principal actividad económica es la agrícola, herencia que se remonta al periodo histórico indígena. Grandes estudiosos como Julio C. Salas y Alfredo Jahn, por mencionar algunos han dado hipótesis a los primeros asentamientos indígenas del Táchira, dando a la región de Queniquea la cuna de la civilización Kenike. Don Tulio Febres Cordero es más explicito y señala que todas estas tribus estaban asociadas a “la vasta población indígena que tenía su centro principal en la altiplanicie de Cundinamarca, asiento de los Chibchas o Muiscas, cuyo imperio ocupa el tercer lugar en el orden jerárquico de la antigua civilización del nuevo mundo”. Y, más recientemente la arqueóloga Reina Durán ha señalado que en Queniquea, en la aldea Machado se encuentra el Machu-Pichu tachirense. Lo cierto es que el nombre de Queniquea pervive, y es un nombre indígena y que ya Don Tulio Febres Cordero señala en su lista de poblaciones indígenas del Táchira. La arqueóloga Reina Duran en una clasificación muy interesante que hace sobre las poblaciones indígenas señaló que “los quiniqueos” pertenecen a la familia Aruaca.
En ese periodo histórico que se pierde en el tiempo, los indígenas denominados Queniques, vivían en la tranquilidad, sembrando el campo, adorando a sus deidades, hasta que un día el dios del Trueno les envió aquellos seres vestidos de metal. Esto sucedía el día que Juan de Maldonado cruzaba la ciudad del Espíritu Santo (La Grita) y dirigiéndose a la derecha llega a un Valle, el cual bautizara como Valle del Espíritu Santo (donde hoy se asienta San José de Bolívar) habitado por una aldea de nombre Babuquena, esto ocurría el 24 de mayo de 1561, allí Maldonado pernotaría con sus hombres aquella noche, como señala en sus Crónicas Fray Pedro de Aguado. Al día siguiente, Juan de Maldonado se dirige a otra meseta, donde encuentra otra aldea con los indios Queniques, es así como Juan de Maldonado descubre Queniquea el 25 de mayo de 1561. Juan de Maldonado y sus acompañantes debieron quedar admirados ante la belleza de estos paisajes, ya para 1601 el Juez Pedro de Sandes mandaría a construir un Monasterio en el Valle del Espíritu Santo a donde acudirían los indios del Capitán Gabriel de Anguieta del pueblo de Queniquea. Al leerse con detenimiento las Crónicas de Aguado observamos y sentimos la travesía de Maldonado por el Páramo de la Cimarronera hasta llegar al Valle del Espíritu Santo y luego llegar a la Meseta de Queniquea. Señala Aguado que allí habían dos pueblos “Sunesua” y “Quenega”, Coincidencia o no Quenega y Queniquea tienes mucha relación. Luego de su estadía en Queniquea, Maldonado continuaría su travesía hacia el Páramo del Zumbador y de allí a San Cristóbal. Más adelante el 8 de agosto de 1581 a Baltasar de Artiga le es dado como recompensa el pueblo de Queniquea por el Cabildo de La Grita. En ese intercambio de tierras Baltasar de Artiga entrega treinta indios de Queniquea y su poblado al Cabildo, que luego fueron dados al Capitán Gabriel de Anguieta.
Ya para 1601, los colonos se habían repartidos los pueblos e indios. Sigue en esta historia tan interesante otro nombre de un encomendero, y es para 1631 que los indios Queniqueas que fueron antes de Gabriel Anguieta, después de la mujer de éste, serán entregados a Don Juan Méndez y Miranda, Procurador General del Cabildo de La Grita. Se pagó por el pueblo de Queniquea en 1631: 13 patacones y 6 reales y medio por el tributo. La encomienda tenía 15 personas en total y su cacique se nombraba Mateo. Este Mateo es el primer queniqueo que se nombra en las Crónicas de Indias. La historia - según Lucas Castillo - señala que Mateo, Cacique de los Queniqueas, respondió con franqueza al Cabildo que en la estancia de dos leguas de la población de Queniquea se sembraba algodón, maíz y trigo (Continuara).

LA HISTORIA DE QUENIQUEA (II PARTE)
Por: José Antonio Pulido Zambrano

El papel jugado por la iglesia católica en la formación de la sociedad queniquea después del periodo indígena es fundamental, desde los primeros curas doctrineros venidos junto con los conquistadores a fundar pueblos a comienzos del siglo XVI, hasta la creación del poblado en 1817, esto ha sido de primera importancia. La Iglesia fue un factor determinante en el desarrollo de la educación, la política, la economía y la formación espiritual de los habitantes de Queniquea, y por tal razón debemos mencionar algunos hechos, aunque sea de manera breve sobre la evolución de la iglesia en esta población. La historia de la evolución religiosa está muy ligada también a la historia del pueblo.
En 1628 pasan por Mérida los primeros Jesuitas y Franciscanos, provenientes del Nuevo Reino de Granada y la Ciudad de León, con destino hacia Caracas. Al encontrarse con un mundo ideal para el recogimiento espiritual y el estudio, con montañas coronadas de cumbres altas cubiertas de nieve, bosques poblados de árboles de todo tipo y huertas feraces y campos de cultivo donde la naturaleza se derramaba en abundancia de frutos y flores, deciden quedarse en estos lugares. Muchos de estos monjes Franciscanos y Jesuitas se internaron en la montaña cruda con los colonos en la formación de nuevos poblados. Los Jesuitas, Dominicos y Franciscanos, aparte de sus ocupaciones de tipo espiritual tenían un sentido muy desarrollado para las actividades productivas: Desarrollaron una red comercial y agrícola muy vasta con haciendas de cacao en el Puerto de Gibraltar en Maracaibo, caña en Mérida, tabaco en Barinas y otros productos. En la ciudad de Mérida contribuyeron mucho a la educación al fundar el primer colegio bajo el nombre de San Francisco Javier. En 1778 se creó la Diócesis de Mérida de Maracaibo, mediante una Bula del Papa Pío VI, siendo el primer obispo Fray Juan Ramos de Lora de la orden Franciscana. Desde su llegada a Mérida, despliega una gran actividad civilizadora, con la erección de la Catedral, El Palacio Episcopal y un seminario para formar nuevos sacerdotes, y sobre todo la catequización para los Andes, en ello estaba el Táchira.
Señala Lucas Castillo Lara que en la visita pastoral de 1805 hecha a La Grita, el Obispo Hernández Milanés traslada de Bailadores al Río Bobo al Padre Casimiro Mora, donde debía encargarse de una Capilla o Monasterio que estaba en ruinas en el Valle del Espíritu Santo, Monasterio hecho por los franciscanos en el año de 1631. Y para 1810 el padre Mora se encuentra en Queniquea levantando otra iglesia junto a los vecinos José María Roa, Cecilio Pérez, Isidro González, Jacinto Ramírez, Rafael Ramírez, Feliciano Pulido, Joaquín de la Rosa Pulido, José Florentino Pulido, Luís Antonio Moreno y Antonio Bernabé Vivas. Lo cierto es que para 1816 vuelve el padre Mora a Queniquea y se encuentra con desavenencias entre sus pobladores, unos quieren al Padre Mora como sacerdote, mientras que otros piensan en un cura de raíces queniqueas para la fundación del pueblo, entre los que representan este nuevo proyecto aparece Don Venancio Escalante, Enrique Roa, Antonio María Contreras, José María Morales y Manuel Sánchez. Ello se debía que el padre Mora había restaurado el Monasterio del Río Bobo en 1806, pero los queniqueos que tenían mayoría de votos, pidieron que se trasladase a Queniquea la iglesia del Río Bobo y para ello ofrecen donar nueve cuadras de tierra para la nueva iglesia. En estas discusiones los de Queniquea querían como párroco al padre Pablo Antonio Morales, cuyos antecesores eran de los primeros fundadores de Queniquea. Esta solicitud es dirigida al Obispo por intermedio del Vicario Fernando José García. Desde Maracaibo, el 21 de diciembre de 1817, el Obispo decreta la traslación de la Capilla de Río Bobo a Queniquea, convertida desde ese día en Vice-parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Queniquea. En los libros parroquiales de Queniquea quedan muchas dudas ante la historia que nos cuenta Don Lucas Castillo. No queda claro cuando se trasladó la Capilla en si de Río Bobo a Queniquea. El 8 de abril de 1818 el Padre García, Vicario de La Grita, va a Queniquea, a tomar posesión de lo donado, lo cual verifica ese mismo día. Así nacía de manera oficial un pueblo al erigirse la primera iglesia de lo que se conocería como Queniquea. La traslación de ornamentos de la Capilla del Río Bobo estuvo a cargo de Don Jacinto Ramírez, quién se encargo de traer las imágenes de San José, la Virgen del Carmen, San Rafael, Virgen de los Dolores, entre otras.
La Capilla del Río Bobo, era conocida como la “Iglesia de las Guamas”, pues con ese material se empezó la construcción del antiguo Monasterio, ya que en tiempo de la colonia el Valle del Espíritu Santo estuvo como una gran hacienda de Tabaco bajo el cuidado de los monjes Franciscanos. Los Queniqueos levantaron otra capilla, y a su alrededor comienzan a juntarse los vecinos. El Masón Thomas Pulido diestro en la ebanistería, traza las calles y la plaza de Queniquea siguiendo el patrón de un poblado español, y modela la primera iglesia a escala de la Iglesia de la Ciudad de León en la madre patria; España (Continuara).


LA HISTORIA DE QUENIQUEA (III PARTE)
Por: José Antonio Pulido Zambrano

En 1838 la población de Queniquea alcanza su Parroquia en su estado civil - como señala su Cronista Aparicio Molina -, quedando de manera definitiva separada de la ciudad de La Grita, esta autonomía daría nuevos rumbos a la historia de una Queniquea que ha dado tantos hombres de bien a la patria. Queniquea continuara siendo un pequeño pueblo a través de todo el siglo XIX, sus gentes se dedicaran a la faena del campo y a construir sus casas con tejas y paredes de tierra pisada, con grandes corredores, con amplios ventanales y un jardín amplio en el centro de esas Casonas, la gente se dedicara con esmero a trabajar y a rezar a Dios. Sus diversiones son sanas, se espera el domingo con alegría, los días de Semana Santa y Navidad son un jolgorio. Cuando muere un queniqueo el pueblo lo siente todo, pues en el siglo XIX Queniquea era una comunidad. La “palabra santa”, dicha por el sacerdote es ley, nadie se atreve a seguir al maligno, aunque se sabe que en la montaña azul ronda una vieja hechicera con sus ungüentos y brebajes mágicos. El Silbón y la Llorona se aparecen a aquellos hombres infieles y que no dedican tiempo para ir a misa. El miche se hace en alambiques caseros. La comida se da en abundancia, pero una cizaña crece. Dos pueblos siguen enemistados.
Un domingo del mes de noviembre del año 1882 se presenta una trifulca entre queniqueos y rioboberos, y allí sale herido Pedro Juan Pulido, queniqueo radicado en Buena Vista, éste fue herido por otro queniqueo, José María Moreno. Es allí cuando la familia Pulido descendiente directa de uno de los fundadores de Queniquea: Joaquín de la Rosa Pulido decide radicarse para siempre en el Río Bobo. De este linaje Pulido en Queniquea sólo queda en el pueblo Don José Gregorio Pulido - como señala su descendiente directo José Gregorio Pulido (bisnieto)-. En el año de 1883 era sacerdote de Queniquea Fernando María Contreras. Después de ese incidente entre rioboberos y queniqueos, el Padre Contreras ayuda a su amigo Ramón de Jesús Pulido a fundar San José de Bolívar, en esa fundación conocería al General Manuel María López, quién sería el padre de su sobrino Eleazar López Contreras.

Esta finalizando el siglo, el café da solidez económica a las familias de Queniquea. El pueblo empieza a germinar como el café, da muchos frutos. Pero Queniquea duerme aún, se prepara quizá para otro paso en la historia, la etapa de la revolución, la era de los montoneros, la era de los andinos en el poder. A finales del siglo XIX los queniqueos se preocupan por que sus hijos se preparen y estudien; ya para 1877 existía una Escuela de varones con 25 alumnos. De ahí saldrían hombres como el Dr. Diógenes Escalante, un baluarte para la historia, pero en Queniquea uno pregunta por Diógenes, y nadie sabe darle respuesta.
A principios del siglo XX, Queniquea empieza a reestructurarse con Cipriano Castro en el poder. Ya el 16 de noviembre de 1901 la junta comunal queda integrada por los ciudadanos: Timoteo Escalante, Asunción Chaparro y Agustín Roa Escalante. Durante el mandato de Castro, Queniquea empieza a prosperar, pero al tomar el poder el Gómecismo, Queniquea se une a la revolución de la montaña junto a Pregonero y El Cobre. El pueblo vuelve a caer en el atraso, pues los Jefes Civiles empiezan a mermar el miedo y el terror, son muchos los queniqueos que huyen a la guerrilla de montaña. Eustoquio Gómez se enguerrilla con los queniqueos por esta causa, cuestión que manifiesta en una carta al mismísimo Benemérito General Gómez fechada el 15 de septiembre de 1921, y entre otras cosas dice: “… lo mismo que los queniqueos, donde hay varias guerrillas por esos montes amenazando los pueblos y robando varias aldeas, en estos días robaron dos aldeas de Río Bobo; en estos días le he estado dando una espulgada a la Mesa del Tigre donde se la pasan esos bandoleros que no se pueden coger entre esas montañas”.
El enfrentamiento más fuerte que se dará en esta época se producirá por la muerte de José Antonio Roa, hijo de Joaquina Roa por la recluta ordenada de Eustoquio Gómez. Por el alzamiento de Félix Matamoros en San Antonio del Táchira en 1917. La muerte de José Antonio Roa, abrió un periodo de violencia para Queniquea, San José de Bolívar y Pregonero. Queniquea a pesar de no estar con Juan Vicente Gómez y seguir las hazañas del General Juan Pablo Peñaloza, era un pueblo de hombres pacíficos, dedicados al trabajo de la tierra. José Antonio Roa era muy apreciado en el poblado y porque al hablarle al Jefe Civil Rubén Rojas reclamando sus derechos por el sentimiento de dejar la faena del campo e irse de recluta, fue llevado a la fuerza. En el lugar de Los Pilones, se cuenta el Coronel Cárdenas, encargado del Regimiento Militar, al observar que José Antonio Roa no quería seguir en su batallón le introdujo un tiro en la frente. Y como una marioneta a quién le cortan los hilos, el cuerpo de José Antonio Roa cayó en aquel Páramo. Su cuerpo fue llevado entre lágrimas a Queniquea y enterrado en el cementerio del pueblo.
La muerte de José Antonio Roa no quedó impune, los otros reclusos entre queniqueos y rioboberos se alzaron y se dice - señala Ramón Vicente Casanova en su libro Candelas en la Niebla - corrió “abundante la sangre, que los campesinos no iban a pasar por alto la agresión de la que fue victima” José Antonio Roa (Continuara).


LA HISTORIA DE QUENIQUEA (IV PARTE)
Por: José Antonio Pulido Zambrano

A partir del enfrentamiento de sangre en Los Pilones, Eustoquio Gómez cobró especial querella contra Queniquea y siempre escogió los peores subalternos para encomendarle su Jefatura Civil. A Domingo Cárdenas lo sustituyo el Coronel Francisco Ayesterán.
Este Coronel Ayésteran, era un sanguinario, pues llegó apropiándose de ganado, decretó nuevos impuestos sobre cada carga de café, maíz y otros productos agrícolas. Ayesterán persiguió sin clemencia a los generales montoneros Angel María Salcedo, Baldovino Sánchez y al Coronel Meliton Mora, cabecillas visibles del conglomerado liberal que seguía los alzamientos del General Juan Pablo Peñaloza. En otro de los alzamientos que se diera en Queniquea - comenta Casanova en su texto Candelas en la Niebla - debieron sacar a Ayesterán en un cajón de maíz para poder salvarle la vida, ya que su cuartel fue atacado por bombas caseras de Kerosén. Esta acción bélica la realizaría Ángel María Salcedo y sus montoneros, bajo la consigna: “Peñaloza sí, Eustoquio No, Peñaloza la vida, Eustoquio la muerte”. Más adelante es enviado a Queniquea el Coronel Sixto Rangel, imponiendo una contribución de dos bolívares a las personas que entraran o salieran de Queniquea. Luego empezó a decomisar ganado y cosechas, el pueblo victorioso de Queniquea se volvió a alzar. El Coronel Sixto huyó con sus hombres por Mesa del Tigre, pero allí era esperado por Baldovino Sánchez y sus montoneros, el Coronel Rangel cayó herido, tuvo que defenderse a muerte y logró escaparse a Cordero. A esto señala Ramón Vicente Casanova volvió la normalidad a Queniquea, hasta que apareció el Coronel Tomás Ramírez, con parecidos procedimientos a sus antecesores. Este colocó carteles por todo el pueblo en una cerrada persecución a los montoneros. Como no pudo su cacería de brujas se lanzó contra los campesinos, llevándose sus cosechas y útiles de trabajos. Comenta Casanova que Ramírez caía “en las fincas de caña y colocaba su gente a cortar y moler, para cargar con la panela. Se cuenta, además, que no pocas veces desmontó las pailas de los trapiches y se las llevó, por lo que fue apodado “El Pailas”. Pero como todo poder que tortura y discrimina cayó abaleado de gravedad en la aldea San Pablo, cuando estaba tras la pista de Ángel María Salcedo. A “El Pailas” le siguió el Coronel Maximiliano Depablos, cuyo botín predilecto era el café. Se cuenta que hizo pagar al mismo padre José Ignacio Moncada los fletes de mulas para que le llevase un café a Colón.

Depablos se lanzó a una coacción colectiva con sus jueces de Aldea para atrapar a los “lagartijos” o montoneros. Mientras en San Pablo pernoctaba Pedro Molina, cabecilla de la guerrilla de montaña, Ángel María Salcedo, Melitón Mora y Baldovino Sánchez. Pedro Molina había ganado el titulo de General combatiendo a los Gómez en Pregonero. Mientras Salcedo, Mora y Sánchez ganaron sus títulos con Juan Pablo Peñaloza. Cincuenta montoneros de a pie - señala en su “Crónica” Casanova - se lanzan a rescatar de nuevo a su natal Queniquea, unos van a pie, otros a caballo, unos llevan fusil, otros machetes. Pedro Molina se caracteriza por ser buen tirador con revólver. Suben por el río Samparote, sabedores de que en Queniquea los espera Depablos, pues uno de sus soplones ya le ha ido con el cuento. Depablos amenaza al Padre Moncada con quemar a Queniquea, así como quemaron a Pregonero y al Cobre. El padre Moncada trata de prevenir que la gente del Combudo lleve su ofensiva sin que los habitantes de Queniquea salgan heridos. Los montoneros llegan de noche y los hombres de Depablos no pueden dar en el blanco, sus enemigos se pierden en la noche. Al final de la contienda Pedro Molina despunta su revolver y con su puntería mata al Jefe Civil Depablos, quedando el pueblo en manos de montoneros. Los queniqueos gritaban: “Los Gómez mandan en la ciudad, pero los guerrilleros dominamos los montes y de los montes no nos bajaran, Viva Peñaloza, viva la libertad”.
Con esta victoria llega la paz a Queniquea en 1926, pues Eustoquio Gómez es enviado al Estado Lara y con una amnistía, las nuevas Autoridades bajo el mando del General Ángel María Salcedo toman la Jefatura Civil del poblado. Son días de paz y tranquilidad y los montoneros parecen deponer las armas. Ya para el periodo de Salcedo en el poder, a Queniquea lo componen las Aldeas de Santa Filomena, Los Barros, Mesa del Tigre, Machado, La Pérez, La Blanca y El Combudo o San Pablo. Esta poblado para esta época por 2933 habitantes, de los cuales 1448 son varones y 1485 son hembras (Continuara).

LA HISTORIA DE QUENIQUEA (V PARTE)
Por: José Antonio Pulido Zambrano

En ese andar por la reconstrucción de la historia del pueblo de Queniquea apareció un personaje que nos abrió las puertas de sus recuerdos, a ella debemos la fotografía que nos antecede y que recoge las familias de la época el día del bautizo de esta, se trata de Doña Ana Franciscony, quién nació un 27 de marzo de 1926 en la población de Queniquea, un pueblo que como ella señala “adora con todo el alma, pues allí vio nacer a sus seis hijos”.
Sus padres fueron el riobobero Pedro Francisconi y la Sanpablera Juana Leonor Roa. Al casarse su padre se muda a Queniquea donde montara una venta y compra de café. Del matrimonio de Don Pedro y Doña Leonor nacieron cinco hijas: María Luisa. Isabel del Carmen, Cristina Yolanda, Josefa y Ana. Su abuelo Miguel Franciscony era de los primeros italianos que llegaron al Táchira en el siglo XIX junto a los Adrián, los Benedetti, Los Galeazzi, entre otros.
Fue bautizada por el padre José Ignacio Moncada y sus padrinos el señor Don José García y Doña Elodia Moncada. La confirmo su madrina Fidelia de García. Su infancia la disfruto en la Queniquea de antaño, vivió la ultima década gomecista de 1926 a 1936 en los juegos de su niñez.
La familia de sus padres estaba entre Queniquea y la finca “La Retirada” ubicada en Buena Vista y otra finca en La Vega, al final de la calle 5 al pasar el río. Su padre cultivaba café y pequeños rubros agrícolas, pero sobre todo café. Por lo que al hacerse señorita le tocaba llevar comida a peones y muchas veces participar en la recolecta del café. Recuerda Doña Ana que en el patio de la casona del pueblo oreaban el café.

Don Pedro compraba café y lo vendía en Colón. En un tiempo que el café bajo de precio Don Pedro casi llega a la bancarrota, pero con el sudor de su trabajo volvió a levantarse. Estudio Doña Ana hasta cuarto grado con la maestra Elena Berbeci y el maestro José Naranjo. Se caso a los 19 años y tuvo como hijos a Ricardo, Carmen Teresa, Ergar Omar, Pedro Nicolás, Fanny Leonor y Marco Aurelio Ramírez Francisconi.
A principios de los años 60 se traslada a San Cristóbal para un futuro mejor para sus hijos, pero sin desprenderse de Queniquea. En San Cristóbal al lado de su hermano de crianza Luís sale adelante y logra consolidar unos hijos de bien.
“Hoy - comenta Doña Ana - vive llena de nietos y bisnietos, dice ser feliz y no deber nada a nadie”. Considera que los 34 años que vivió en Queniquea los recuerda con agrado.
Nos termina diciendo Doña Ana: “Espero que estos recuerdos sean de agrado para mi gente, en especial para quienes tienen el privilegio de ser nativos de Queniquea, con la historia se recorre un camino formado con recuerdos y anécdotas de mi querido pueblo”.
Doña Ana Francisconi Roa nos ha cedido esta foto para la historia del pueblo de Queniquea, una fotografía tomada en el año de 1926 y que recoge a las principales familias de aquella época. Dice Doña Ana que aquella mañana le contaba su padre hubo un ajetreo en toda la Casona, el día anterior habían matado unas cuarenta gallinas para el bautizo, Doña Elodia, la madre del Padre Moncada dirigía aquella comitiva. Su madre Doña Leonor se procuraba en hacer los más hermosos dulces caseros y Doña Fidelia García se esmeraba en hacer el más rico pastel. Don Pedro por su parte preparaba la buena mistela y el michito con ditamo real.
El padre José Ignacio Moncada precedió aquel lindo día, era un domingo de abril de 1926, un día con un sol espectacular y una brisa que refrescaba el rostro de aquella niña, la chiquilla bonita de Don Pedro Francisconi. Quizá aquel día Don Pedro sintió nostalgia y debió haber deseado que su padre el italiano Don Miguel Francisconi estuviese aquel día tan importante en su vida.
Dice Doña Ana: “Realizo este esfuerzo de la memoria por el interés de ser útil a quienes amo, a mis hijos, nietos y bisnietos (ríe) y lo hago con el inmenso gusto de mostrarlo a las generaciones venideras”.
Bueno en la foto de izquierda a derecha aparecen los siguientes queniqueos: Dama de blanco desconocida, Don Sebastián Sánchez, Dama de negro desconocida, Dama de blanco desconocida, Doña Rosa Contreras a quién se le ve medio rostro, Doña Elodia Moncada Madrina del Bautizo, Doña Solita Sánchez, Don Simón Carrero, Doña Maximiano Escalante, Ana María Carrero, Doña Fidelia García Madrina de Confirmación, El Padre José Ignacio Moncada, Joven desconocido, Don Julián Escalante, Don Rubén Darío Pérez, Don Pedro Francisconi, Don José García Padrino de Bautizo, Don Ramón Contreras y la niña Uva Eda Contreras. Los niños: Carmen Noguera, Luisa Francisconi, Carmen Carrero Roa carga en brazos a Ana Francisconi Roa, Isabel Francisconi, Cristina Francisconi, Margarita Contreras y el niño desconocido no se sabe su nombre.
Ese día del bautizo hubo baile y comida en abundancia y bajo el agua bautismal Ana Francisconi Roa entre a la familia de la iglesia católica, apostólica y romana. Hoy a sus ochenta años recuerda haber andado el siglo XX como buena hija creyente en su Dios (Continuara).

LA HISTORIA DE QUENIQUEA (VI PARTE)
Por: José Antonio Pulido Zambrano

En “El Álbum del Táchira” de 1930 Humberto Díaz Brantes señala de Queniquea que “el municipio cuenta con climas cálidos, templados y fríos, llegando en algunas partes hasta el frío intenso, de manera que en el suelo se producen la variedad de productos que se cosechan en la diversidad de ellos. Sin embargo, de preferencia se cultiva el café, de cuyo producto exporta alrededor de 8000 quintales anuales”. Sus haciendas están provistas de maquinarias criollas para el beneficio del café, la caña de azúcar y el trigo. Por este tiempo se esta haciendo el ramal de la carretera transandina que conectara a Queniquea con el Zumbador. Las calles del poblado son empedradas y las casas están pintadas de diversos y bellos colores. Igual para esta época suceden las instituciones a cargo de Domingo Zambrano Roa y su escuela de varones y la señorita María Arias.
La escuela de varones enseña las materias básicas de Lengua, Matemática, Geografía, Historia, Latín, Religión y Música. El maestro Domingo Zambrano Roa llevaba a sus alumnos a enseñarles al aire libre, a amar la naturaleza mientras le leía a sus alumnos los clásicos griegos y el Quijote de Cervantes. La Escuela de Niñas a cargo de la Señorita María Arias enseñaba a las niñas a leer y escribir, pero sobre todo las preparaba en los quehaceres de bordado y cocina, y en la lectura y meditación de la Biblia. A continuación transcribimos lo que aparece de Queniquea en La Guía General de Venezuela (1929):
“Tiene este municipio 534 casas y 2933 habitantes. De los cuales son varones 1448 y hembras 1485. La capital del municipio es Queniquea y pertenecen a su término municipal las aldeas de Machado, Los Barros, La Pérez, La Blanca, El Combado y Mesa del Tigre. Durante los primeros años de la Guerra de la Independencia, muchas familias realistas que se vieron hostilizadas en La Grita por las fuerzas revolucionarias, huyeron al fondo de las montañas del sur y fueron a situarse en una meseta de gran altura, a la margen derecha del río Samparote donde empezó a fundarse la población de Queniquea, erigida después en capital del municipio.
Su altura sobre el nivel del mar es de 1597 metros y su clima aunque es sano es sumamente frío.
Jefe Civil del Municipio: Buenaventura Buitrago. Secretario: José R. García.
Presidente de la Junta Comunal: General Ángel María Salcedo.
Cura Párroco: Presbítero José Ignacio Moncada.
Comerciantes: Rubén Darío Pérez, Francisco Alviarez, José Leonardo Rojas, Simón Carrero, Pedro Franchesconi.
Hombres en el Gobierno: Dr. Diógenes Escalante. General Eleazar López Contreras”.
Ya después de 1930 el periodo gómecista empieza a declinar y eclipsar, ello lleva a que Queniquea viva en una aparente tranquilidad, las mujeres comparten los café de tarde con sus amigas y los hombres escuchan a Gardel en la vieja Vitriola en la casa de Don José Gregorio Pulido o van a una pelea de gallos.


En el año de 1934 toma la Jefatura Civil el Coronel Melitón Mora y con él se escribirá una de las páginas más oscuras de la historia de la Queniquea del siglo XX. El Gómecismo esta por morir y un queniqueo dejará su firma en la historia del país. El 7 octubre de 1936, bajo el mandato del país del General Eleazar López Contreras, Queniquea estaba bajo el poder del Coronel Melitón Mora, quién no quería entregar la Jefatura Civil. Se armó tremenda trifulca entre Julián Carrero, quién tenía un pleito severo con Ángel María Salcedo por la Prefectura. Aquella noche - señala Doña Ana Francisconi - sale herido Don Julián Carrero, a este le salvo la vida Dona Teresa Roa, quién en ayuda de Don Pedro Francisconi intercedieron para que no mataran a Don Julián. Un familiar de Don Julián, de nombre Carmen Carrero, estaba en estado y aborto cuando vio que a Julián lo habían herido. En la pelea Doña Itala Pulido de Roa, casada con Don Luís Roa se llevó a Digna Roa, una niña recién nacida a su casa. Era aquel 7 de octubre víspera de la Virgen del Carmen, y en esa marea de emociones el Coronel Melitón Mora mata a Argimiro Varela con una daga, de una puñalada. Este Argimiro Varela era familia de Monseñor Ramírez.
Se dijo que Argimiro estaba armado con un revólver, pero dicha arma nunca apareció. Esa misma noche murió también el Coronel Melitón Mora y un policía de apellido Roa (Continuara).


LA HISTORIA DE QUENIQUEA (VII PARTE)
Por: José Antonio Pulido Zambrano

A finales de 1936 Don Julián Carrero toma la Jefatura Civil, y Queniquea se enrumba al progreso, no sólo tiene a un hijo de ese pueblo en la Presidencia, sino que con educación y trabajo se preparan a enfrentar el siglo XX, que es como señala la historia que empieza en Venezuela bajo el mandato civilista de Eleazar López Contreras. Queniquea se pregunta el devenir después de la muerte del Benemérito, un queniqueo en la Presidencia, un queniqueo que no ha pisado las calles de Queniquea desde su nacimiento en 1883, así son las cosas. Aunque aún se llega en mula o caballo al pueblo, Queniquea se lanza a la conquista de la era moderna. Con López Contreras en el poder la carretera llega al poblado.
En esa nueva etapa histórica del pueblo, llega de manera igual la luz eléctrica, que antes era proporcionada por lámparas de kerosén, mecheros y velas. Por lo que antes de la luz eléctrica la gente se acostumbraba a acostarse temprano - señala en entrevista amena Doña Ana Francisconi-. La gente de Queniquea era sana, casi no había enfermedades. Es Juan Ramón Chacón quién es enfermero y su curiosidad lo hizo por mucho tiempo el medico de Queniquea, ya que al poblado sólo llegaban médicos practicantes que iban a Queniquea por cortos lapsos de tiempo. Antes, el medio de transporte era el caballo y las mulas. Y el primer carro lo trae a Queniquea el señor Carmelo Cárdenas. Entre 1933 y 1940 son maestras Elena Bermeci y Adela Zambrano. Doña Cleotilde Escalante llevaba el correo del pueblo. La Colorada y La Blanca eran las aldeas más belicosas, donde los problemas se arreglaban con armas blancas. Se daban muchos pleitos por las peleas de gallos.
Doña Ana Francisconi recuerda a Gelasio Moreno como uno de los más afamados gallistas de la época. Las casas eran de una planta, con un jardín en el centro. La gente se dedicaba al campo, al café y la caña. Por lo que habían trapiches en Delicias, Machado y Los Barros en la zona del Altico. Para este tiempo habían muy pocas casas en Queniquea alrededor de la plaza. Y el miche ha sido y estado en Queniquea - se limita a señalar Doña Ana Francisconi - y las paradas de niños, los bautizos, los cumpleaños se daban con grandes “comilonas”. Y las fiestas se daban en diciembre, en torno a las misas de aguinaldo y la navidad. Los José Gregorio Pulido que vivían en San Pablo se trasladan a Queniquea. Era la época que se vendía kerosén en las bodegas y tiendas, entre ellas la de Doña Carmen Contreras y la Carnicería de Don José Antonio Zambrano. Una tienda de ropa la atendía Don Teofilo y Francisco Ramírez frente a la plaza. Donde hoy funciona Banfoandes desde los años 50 funcionó una Bodega de Carmelo Duque, que antes la tuvo en la carrera 2. José Antonio Carrero, hermano de Julián Carrero hacía las urnas y era el sepulturero del pueblo. En los 70 llegara de La Pérez Doña Flor Zambrano y su esposo Amadeo Moncada y colocaran una tienda al lado de la iglesia del Rosario. Don Clemente Narváez fue uno de los primeros queniqueos en participar en el desarrollo de una ruta de Expresos Queniquea - San Cristóbal, donde los primeros buses de transporte estaban sostenidos sobre un camión con sillas de madera. El liceo Don Simón Rodríguez fue fundado en 1974 con lo que se consigue un nuevo avance para Queniquea.
Y, quizá el queniqueo sigue su rumbo a un futuro grande, y aquel caminante misterioso, curioso se detendrá ante aquella tumba, desconocida o no, quizá este allí Mateo o Juan Antonio Roa, héroes emblemáticos de esta montaña azul del sur.

LA HISTORIA DE QUENIQUEA (VIII PARTE)
Por: José Antonio Pulido Zambrano

La Biografía de Eleazar López Contreras contada desde Queniquea
Este insigne queniqueo nace el cinco de mayo de 1883, para este año en el país se realizaban festejos al centenario del nacimiento del Libertador. Nace López Contreras cuando Guzmán Blanco celebra la apoteosis de su poder. Sus padres el General Manuel María López y María Catalina Contreras. El padre de López Contreras lo conoce su tío y tutor Fernando María Contreras, sacerdote que fundaba un pueblo junto a su amigo Don Ramón de Jesús Pulido allá en el Río Bobo. Allá en el Río Bobo nace la amistad del General López quién se internó en las montañas rioboberas huyendo del poder de turno. En ese año de 1883 nace a la par de Eleazar López Contreras el pueblo de San José de Bolívar. El General López era un caraqueño que huía del régimen guzmancista, el padre Contreras le ofrece su ayuda para que pueda pasar a Cúcuta con la ayuda de unos amigos sacerdotes. Otra hipótesis señala que López Contreras nacería en la Mesa del Taparo, en Caricuena, donde vivía el General Manuel María López, sitio perteneciente a Río Bobo, a donde Catalina se iría a vivir con el General López y que el niño sería luego asentado en Queniquea, pero estas son meras hipótesis.

En 1884 el padre Contreras es trasladado a Capacho, llevándose consigo a su hermana, pues el General López había muerto aquel año En Colombia. Por lo que Don Fernando se hace cargo del niño como si fuese su hijo. En Queniquea se maneja otra historia, que subyace en el misterio, señalando como el verdadero padre de López Contreras al señor Julián Escalante, patriarca de Queniquea a finales del siglo XIX, pero volvemos a caer en meras hipótesis, la voz o memoria que queda en el pueblo pero al que la historia oficial se hace la sorda, quién nos dio la información nos pidió su anonimato.

En Capacho da sus primeros pasos de estudio, y se graduaría en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús de La Grita que estaba a cargo de Monseñor Jáuregui. Allí se codearía con los más grandes estudiantes que daría el Táchira a finales del siglo XIX. Tenía 18 años - comenta Luís Enrique Osorio - cuando se incorporo al movimiento político de Cipriano Castro.
Por lo tanto López Contreras fue testigo presencial de la llegada de los andinos al poder. Sintió de cerca el auge y la caída de Castro. Desde allí con humildad, paciencia y silencio se fue formando como uno de los hombres más cultos y discretos del régimen gomecista.
Nadie imaginó que aquel chiquillo llegaría tan lejos, y que se convertiría en el hombre de confianza del Benemérito.
En 1924 lo vemos como jefe de embajada al centenario de Ayacucho, visita el campo de la Gran Batalla, exhuma el cadáver de un soldado anónimo, y trae esos restos a Venezuela, para enterrarlos en el campo de Carabobo. Gómez debió escogerlo pués era el hombre que más sabía de Bolívar para su época.
Luego aparece como Comandante de la Brigada N° 4 del Ejercito en Capacho, allí es enviado después que llevo a cabo un contraataque al Cuartel San Carlos en 1928, un alzamiento que pretendía dar un golpe de Estado a Gómez. Allí debió ver Gómez a su sucesor inmediato. Pues luego es nombrado Ministro de Guerra. Y el día que muere Gómez lanzara aquella frase inmortal: “Gobernaré de acuerdo con el espíritu del libertador”.
Señala Uslar Pietri que a López Contreras “le toco la más difícil transición de nuestra historia reciente. Un país que venía de un siglo de guerras civiles y de tres décadas de dictadura, sin educación política, sin estructuras sociales, sin partidos, sin sindicatos, lleno de necesidades y carencias y con recursos, desproporcionadamente limitados ante la magnitud de lo que había que hacer”. Pero López de nuevo triunfo y lanzó su célebre frase: “calma y cordura” señala Augusto Mijares, y allí empieza un mandato nuevo y democrático, lo primero que hizo fue bajar el periodo presidencial de 7 a 5 años. Y elimino la reelección dando un ejemplo digno al desligarse de su ropa militar y colocarse corbata. Ya lo señala Uslar Pietro que desde el traje civil hasta prohibir que se colocara su retrato en las oficinas publicas.

Señala en su libro Aparicio Molina que “en abril de 1937, el presidente López Contreras recibió una comisión de Queniquea en el Páramo de el Zumbador, prometió visitar su pueblo natal, después de comunicar esos lugares con la carretera central. Cuatro años más tarde en abril de 1941, cumplió su promesa; la carretera era una realidad”.
Rafael Caldera dijo que “la organización de la Guardia Nacional se inspiró en la situación de los antiguos procedimientos empíricos por la institucionalización de las importantes funciones que se le encomendaron”.
Al entregar la presidencia a Medina Angarita comenzó otra etapa en su vida, rodeado de los jóvenes de aquella época, que pedían que volviese al poder. En 1945 apoya a otro queniqueo a la presidencia, se trataba de Diógenes Escalante, pero Medina Angarita juega otras cartas y le saca en definitiva del poder.
Luego se dedicara a otro de sus artes, el mundo de la escritura, entre esos un libro dedicado a su más grande héroe, Simón Bolívar. Moriría el General Eleazar López Contreras en medio de su familia en el año de 1973.

LA HISTORIA DE QUENIQUEA (IX PARTE)
Por: José Antonio Pulido Zambrano

La Biografía del Dr. Diógenes Escalante contada desde Queniquea

La historia es cruel, olvidadiza y vengativa. Quizá uno de esos personajes marginados por la historia es la imagen de Diógenes Escalante, Hijo de Don Timoteo Escalante, se crió y dio sus primeros pasos en la Queniquea de finales del siglo XIX. Diego Córdoba señala que Diógenes nació en Queniquea en 1879, pero mi amigo Elvidio Márquez encontró meses atrás la partida de nacimiento de Diógenes en El Cobre, donde fue asentado, pero allí se comprobó que en efecto nació en Queniquea. Su padre era seguidor del Partido Liberal Amarillo, por lo que Diógenes desde pequeño estuvo unido a la literatura y la política. Conoció y siguió las ideas de Espíritu Santos Morales, su mentor político. Se recuerda a dos de sus hermanos: Santiago estudioso como él y Calixto quién perdió la vida en la Batalla de Las Piedras. En las primeras décadas del siglo XX funda y dirige el periódico “El nuevo Diario”.
Caso con una de las más bellas damas caraqueñas de aquella época, la señorita Isabel Alamo Ibarra. En estas renuncia a su periódico “El nuevo Diario” y parte a Europa en una carrera diplomática que puso a su lado los intelectuales de la época y vivió de cerca la primera Guerra Mundial. Estando en el viejo mundo aprovecho su aptitud para el latín y lea varios clásicos de la literatura en su lengua original, lo que le dio una fuerte personalidad y una gran cultura por el que fue conocido. Allí se entero que un griego que llevaba su nombre, era apodado Diógenes el Cínico, de la escuela platónica. Este Diógenes griego tenía virtud de vivir en un barril y un día que el gran Alejandro Magno se le acerco y le dijo que le pidiera lo que quisiera, al estar Alejandro frente al Barril, Diógenes le pidió que se moviera, que lo único que pedía de él, es que le dejase llegar el calor del sol que él le estaba tapando, a lo que Alejandro Magno dijo: “Si no fuese Alejandro, hubiese querido ser Diógenes”. Este mismo Diógenes un día se dirigió a l teatro con una vela encendida a pleno mediodía, cuando le preguntaban por que de tal locura, él sólo se limitaba a responder: “Estoy buscando un hombre honesto”.
Y, quizá este fue el destino de Diógenes Escalante, el buscar un hombre honesto, pero la vida le enseñaría que no todo es color de rosa. Estando en París aprendió a ser hombre de mundo, a dominar varios idiomas, donde se consagra al estudio de la Ciencia Política y Social graduándose como Doctor en la Universidad de Francia. Amplio sus conocimientos en el ingles, cosa que le llevo a Londres, la tierra de Shakespeare como Ministro Plenipotenciario en Inglaterra. Allí al leer Hamlet debió recordar la imagen de su padre, aquel queniqueo indómito que supo desbordar las dificultades en su Elsinor.
Luego el gobierno de Gómez le envía a Ginebra para defender los límites de Venezuela ante Colombia. Al morir Gómez, López Contreras conociendo las facultades de su coterráneo le nombra Ministro de Relaciones Interiores y luego su secretario particular.
Cuando llega al poder el otro tachirense Medina Angarita con quién compartía una bonita amistad y que luego se vera truncada por cosas del poder. Durante el gobierno de Medina dirige trabajos en varias Embajadas. En 1945 siendo Embajador en Washington va como delegado por Venezuela en la Conferencia Internacional de Seguridad de San Francisco, donde se establece lo que se llama la Carta Magna de la Libertad, esto a consecuencia de la II Guerra mundial. A Diógenes le toco observar ese conflicto mundial desde los Estados Unidos.
Diógenes Escalante fue un fiel seguidor de las ideas americanistas, y su idea de la unión del continente siempre la llevó en su verbo creador. Cultivo amistades en toda Europa y América. Pero en esa búsqueda de la honestidad, como el Diógenes griego, le cortarían su cabeza política por intereses propios del poder, y como un cristo fue traicionado. Vamos en directo al hecho y a la conjura que en 1945 le hicieran los poderes reinantes al Dr. Diógenes Escalante. López Contreras quería volver al poder, desde su finca llamada “Queniquea” en Los Teques conspiraba con los adecos contra el gobierno de Medina, quién poco a poco lo había sacado del poder, pues consideraban a López Contreras un segundo Gómez. López Contreras y Betancourt piden a Diógenes que sea el candidato por una nueva agrupación política conocida como Acción Democrática. Medina al ver como se están moviendo las piezas políticas y considera que de llegar Diógenes Escalante al poder, es seguro que López Contreras vuelva a la presidencia. Medina quiere que Venezuela tome otros rumbos y en reuniones clandestinas con los adecos proponen otro candidato. De la noche a la mañana al Dr. Diógenes se le considera una enfermedad, por la que debe dejar vacante su aspiración presidencial. No le es permitido entrar a Miraflores.
Este golpe debió lastimar en lo más profundo a este venezolano que lo había dado todo por la patria. En su lugar es llevado a la presidencia al señor Rómulo Gallegos. Diego Córdoba expresa unas palabras que son eternas y muestran la grandeza del Dr. Diógenes Escalante “Alto y blanco, de anchas espaldas y mesurado paso, ojos penetrantes a pesar de la miopía, negro el pelo ya entrecano y vestido con estricta elegancia, caballero de voz suave e insinuante, la presencia de Diógenes Escalante es inolvidable para mí”.
Moriría Diógenes Escalante en el Laberinto de su soledad, sin haber encontrado un hombre honesto, consideró que Medina Angarita lo era, y fue el primero que le dio la espalda y lo tildo de loco. Quizá fue un loco en lo Quijote, en lo soñador, en lo grande, pero no, Diógenes no se volvió loco, lo hicieron pasar por loco por que sabían que cuando llegue un día a la presidencia un sabio el país andará por donde debe andar. Pero el poder y la sabiduría son como el agua y el aceite, y eso lo supo Diógenes.
- Y ¿por qué llevas queniqueo una vela encendida a mediodía en la plaza de Queniquea?: Sera para ver si la Universidad de este pueblo, de Queniquea, lleva el nombre de el “Dr. Diógenes Escalante”.

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